Junín: Turismo vivencial en Canchayllo y Tanta junto a rutas ancestrales de Reserva Yauyos-Cochas

La furia de un Dios. El segundo día en la reserva, conocimos a la deidad más importante del Tahuantinsuyo: el Apu Pariacaca. Para llegar aquí es ideal instalarse en Tanta, un bello pueblo de Yauyos a seis horas de Canchayllo, donde el trueque sigue siendo una forma de vida. Hasta hace un año, Norma Soto, presidente de la Asociación de Turismo Comunitario de la zona, tejía a cambio de papas y granos de otras comunidades, pero ahora ha ampliado su actividad al turismo.
Aquí, a más de 4200 metros de altura, los pobladores nos reciben con danzas típicas y comida caliente, antes de guiarnos a nuestro destino. Media hora es suficiente para avistar los trazos empedrados de Pirca-Pirca, donde vivían los "Llacuas", etnia 800 años más antigua que los incas y fiel seguidora del Apu que buscamos. Los tanteños desafían nuestras fuerzas y nos llevan hacia un punto aún más alto donde se aprecia la laguna Piticocha, y por fin, el nevado Pariacaca. A sus pies cruza el Camino Inca que conecta Jauja con Pachacámac.
Tour místico. El tour místico entre Canchayllo y Tanta forma parte del proyecto "Caminando con el Apu Pariacaca" del Grupo GEA, que busca incorporar el turismo rural a los caminos ancestrales de la reserva.
Mientras soplamos tres hojas de coca para pedir un deseo al Apu, apreciamos el paisaje salvaje que nos rodea. El cielo amenaza con lluvias y granizadas, y el suelo está colmado de enormes rocas. El escenario es propio de un lugar donde se vivieron cinco días de batalla entre el mítico Pariacaca y Haullalo Carhuincho, a causa de la unión de sus hijos. Dejamos las tres hojas, el deseo y un caramelo bajo una piedra que mira al Apu. Los comuneros saben que una ofrenda aplaca su furia y los protege. El recuerdo de aquella guerra está fresco. El dios andino se niega a morir.
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